Una mirada moderna (y optimista) al futuro

Artículo editorial traducido del Daily Telegraph and Courier*, publicado en Londres el martes 9 de enero de 1900 (obviamente, todo es una fantasía basada en los pensamientos del protagonista de esta nota).

Controvertida conferencia de Lord Kelvin

Una mirada moderna (y optimista) al futuro

 En su conferencia plenaria ante la Asociación Británica para el Avance de la Ciencia, el afamado científico William Thomson, más conocido como Lord Kelvin, no abrigó muchas esperanzas para el futuro científico de la humanidad, en particular en lo que respecta a una de sus especialidades, la Física. Sin la pretensión de iniciar largas y estériles discusiones, de las que Lord Kelvin es un entusiasta partidario (con el debido respeto a su investidura), en este artículo intentaremos desarrollar una mirada más optimista del futuro, a partir de la contribución que la Física ha hecho a los avances tecnológicos que surgieron durante el recientemente finalizado siglo XIX, y en base a los recientes descubrimientos que no hacen más que ampliar la perspectiva de futuros aportes nacidos de nuevas ideas.

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“Ya no hay nada que descubrir en Física, y todo lo que queda es hacer medidas cada vez más precisas”. Con esta frase, Lord Kelvin, prestigioso físico-matemático e ingeniero, finalizó su discurso del día de ayer ante el concurrido auditorio de la Asociación Británica para el Avance de la Ciencia. Un gran número de sus colegas aplaudieron de pie el final de su discurso, mientras asentían en reconocimiento al valor que dicha frase tenía en los labios de tan encumbrado miembro de la sociedad científica. Otros, para no perder su flema británica, no dejaban de aplaudir, aunque su falta de entusiasmo era notoria, reflejándose en sus ceños fruncidos y en el hecho que permanecían sentados en sus cómodas butacas. Seguramente se preguntaban: “¿a partir de ahora nos volveremos meros constructores de aparatos precisos de medición?”; “¿nuestras manos reemplazarán a nuestros cerebros como principales herramientas de trabajo?”

Sin duda, las últimas palabras de Lord Kelvin no dejaron conformes a todos. Más de uno, para justificar su discordancia, recordó el episodio del tendido del cable telegráfico sub-atlántico, donde el renombrado físico/ingeniero demostró que era humano y se podía equivocar. Pero finalmente la titánica empresa salió a flote (no el cable, por suerte) y eso le valió a William Thomson de manos de la Reina Victoria el título que actualmente ostenta.

Pero veamos si el razonamiento de Lord Kelvin tiene algún asidero, analizando los aportes que la Física, tal cual la conocemos actualmente, ha dispensado a la humanidad. Sin dudas, el pasado siglo XIX ha sido el siglo de la energía en todas sus expresiones. Uno de los avances más importantes se dio gracias a los estudios de varios científicos, como James Prescott Joule, Sadi Carnot y el mismísimo Lord Kelvin, que desarrollaron, cada uno con sus aportes particulares, el campo de la Termodinámica, en donde básicamente se describe el concepto de equivalencia entre el calor y el trabajo, permitiendo a su vez calcular la eficiencia del proceso en el pasaje de uno al otro. Estos estudios permitieron el mejoramiento de las máquinas a vapor que iniciaron la Revolución Industrial, hito histórico que le permitió a nuestra isla ubicarse entre los países más modernos del planeta durante los siglos XVIII y XIX. No solamente eso, sino que nuevos emprendimientos nacieron de la aplicación de estos principios físicos, mejorando notoriamente otros campos diferentes al industrial, como el transporte (botes y trenes a vapor) y la agricultura (tractores y máquinas de tracción para mover grandes pesos y cargas).

El desusado concepto, establecido por los antiguos griegos, que relacionaba a uno de los cuatro elementos esenciales, el fuego, con la energía, nunca estuvo tan cerca de la realidad como durante el siglo que acaba de irse. Es más, si hacemos un esfuerzo mental podríamos juntar esos cuatro elementos esenciales para obtener la energía necesaria para mover una máquina a vapor: el fuego que calienta el agua, la cual se vuelve vapor en el aire, el cual a su vez provee la energía para arar la tierra o moverse a través de la misma por largas distancias. Un poco rebuscado, pero poético al fin.

Pero no es la Termodinámica la única rama de la Física que ha aportado avances al desarrollo de la sociedad moderna. La electricidad y el magnetismo han contribuido con una gran cuota de avances tecnológicos, sobre todo el electromagnetismo, en donde se unifican los fenómenos eléctricos y magnéticos en una sola teoría desarrollada por el científico escocés James Clerk Maxwell. Las comunicaciones se han visto largamente beneficiadas por estas especialidades, comenzando por el telégrafo, perfeccionado por Samuel Morse en la primera mitad del siglo XIX, el cual permitió enviar señales eléctricas por largas distancias a través de cables. Pero el avance acelerado de los conocimientos, y por lo cual no acordamos del todo con Lord Kelvin, pronto dejó caduco a este sistema de comunicación, con los experimentos de Marconi (sin olvidar a Tesla) y un tipo de onda electromagnética llamada onda de radio, que permitiría las comunicaciones pero sin necesidad de cables. Si bien es todavía un trabajo en desarrollo, no deja de estimular la imaginación en relación a cómo serán las comunicaciones del futuro. Sin dudas estas ondas electromagnéticas darán que hablar en los próximos años.

Tampoco podemos olvidar en el área de comunicaciones al teléfono de Bell. Si bien la transmisión también depende de cables (lo que hace a las centrales telefónicas lo más parecidas a una tela de araña gigantesca), se ha logrado convertir a la voz humana en impulsos eléctricos que viajan grandes distancias, para luego ser transformados en sonidos nuevamente. Y si dejamos volar más la imaginación, no podemos dejar de unir este invento asombroso con los descubrimientos de Marconi (y Tesla), y pensar que en el futuro los teléfonos podrían funcionar sin cables, lo que permitiría a una persona llamar a otra desde cualquier lugar del mundo sin necesidad de estar cada uno en su casa, como ocurre actualmente para los pocos afortunados (en suerte y dinero) que poseen este artefacto moderno. Pero esto para Lord Kelvin sonaría más a una novela de Julio Verne que a una mirada futurista real.

Y si hablamos de electricidad, no hay que olvidar los avances en iluminación artificial que se han logrado en los últimos años. Hace exactamente cien años éramos testigos de dos grandes descubrimientos. Por un lado la pila de Volta, el primer generador de electricidad estable que fuera luego ampliamente mejorado, y por el otro el primer esbozo de luz eléctrica que generó nuestro compatriota Humphrey Davy y que sentó las bases de la primera lámpara de iluminación de larga duración, creada por el inventor norteamericano Thomas Alva Edison casi ochenta años después. Tampoco aquí podemos dejar de vislumbrar los alcances que estos desarrollos tecnológicos traerán a nuestra sociedad, más todavía si tenemos en cuenta al electromagnetismo, desarrollado por científicos de la talla de Coulomb, Oersted, Ampere y Faraday, cuyas primeras aplicaciones, como los experimentos de Marconi en transmisión sin cables, no hacen más que ampliar la gama de avances que podrían imaginarse para este siglo XX que recién comienza.

De cualquier manera, todavía existe el problema de la transmisión de estas energías a largas distancias, ya que la aplicación de las modernas leyes de la Física demuestran que no todo es soplar y hacer botellas, y que si bien el conocimiento de las mismas ayuda a eludir algunos obstáculos, todavía el transporte de la electricidad sigue siendo ineficiente y caro. Esperemos que la “guerra de las corrientes” (continua y alterna) que acaba de comenzar en los Estados Unidos entre Edison y Westinghouse/Tesla, finalice con un desarrollo que permita llevar esta invaluable fuente de energía a los lugares más recónditos del planeta de manera económica y eficaz.

Y por último, no podemos dejar de comentar uno de los últimos descubrimientos del hombre que puede dar lugar al desarrollo de nuevas teorías, leyes y principios en la física, muy al contrario de lo que piensa Lord Kelvin. Por ahora no deja de ser un misterio, pero para algunos este nuevo hallazgo puede significar nuevas fuentes de energía para el futuro. Estamos hablando de la “radiación”, que fuera revelada y descrita por un grupo de científicos franceses, Henri Becquerel y los esposos Pierre y Marie Curie, a partir de los experimentos del físico alemán Wilhelm Röntgen, quien descubriera hace pocos años los rayos X, que para muchos tendrán una excelente aplicación en la medicina moderna, algo con lo que Lord Kelvin estuvo en total desacuerdo, ya que consideraba a este hallazgo un engaño. Hasta que tuvo que rendirse a las pruebas aportadas por Röntgen, siendo el mismísimo Lord Kelvin uno de los objetos de estudio utilizados para demostrar el poder de estos fascinantes rayos, permitiéndole observar con admiración y sorpresa los huesos de su propia mano, o como la esposa del científico alemán crudamente lo definió: “he visto mi muerte”. Actualmente existen rumores que dicen que estos nuevos descubrimientos en el campo de la Física significarán el otorgamiento del Premio Nobel tanto para Röntgen como para los tres físicos franceses, demostrando que la comunidad científica está convencida de la importancia que este nuevo tipo de energía poseería a la hora de desarrollar futuros avances tecnológicos.

En nuestra humilde opinión, en los últimos dos siglos, y particularmente en el XIX, la Física ha desarrollado un número limitado de leyes y principios que serían capaces de explicarnos por qué el mundo es tal cual lo conocemos. Pero a pesar de ello, y en contra de lo que opina Lord Kelvin, la naturaleza no deja de sorprendernos con la aparición de fuentes de energía que convivieron con nosotros durante toda la historia de la humanidad, pero que recién estamos comenzando a comprender y a utilizar para nuestro beneficio y desarrollo social. Y todo esto dentro de nuestro humilde planeta. Pero, ¿qué pasa fuera de nuestro hogar planetario? ¿Son estas mismas leyes las que rigen a todo el universo que nos rodea? Es más, muchos nos aventuramos, a pesar que puedan tildarnos de locos o incoherentes, a pensar que no todo está dicho en la Física, y que a partir de nuevas observaciones y aplicaciones, particularmente en relación al universo que nos cobija, nuevas teorías serán desarrolladas y la Física ya no será la misma que hoy conocemos. Pero para ello necesitaremos instrumentos de medición más precisos. En algo Lord Kelvin tenía razón.

* Actualmente DailyTelegraph, el diario de mayor tirada del Reino Unido.

Copyright © 2012 – 2017 Alberto Díaz Añel

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