La física de lo imposible

Explorar el pasado o presenciar el futuro, pero personalmente. Una obsesión humana que bien puede haber nacido ante la necesidad de reparar antiguos errores o por simple curiosidad acerca del impredecible porvenir. Pero, ¿es realmente posible ir hacia atrás en el tiempo? El físico Horacio Pastawski, de la Universidad Nacional de Córdoba y flamante miembro de la Academia Nacional de Ciencias de dicha provincia, es uno de los principales científicos que están investigando si algún día seremos capaces de viajar al pasado. Y por mal que les pese a muchos productores de Hollywood, las respuestas que ha encontrado hasta ahora no servirían para hacer una película muy taquillera.

Un poco de historia (¿podremos revivirla?)   

Es notable que los viajes en el tiempo comenzaran a aparecer con fuerza en la literatura recién en el siglo XIX, destacándose sin duda la gran novela de H.G. Wells, La Máquina del Tiempo, de 1895.

En el siglo XX, la posta la tomó Hollywood, justamente a través de la adaptación del clásico de Wells, que tuvo su primera versión en 1960. A partir de allí, el séptimo arte se apoderó del tema y, ya sea en versiones cinematográficas o televisivas, se ocupó de mostrar ideas originales o basadas en la literatura de ciencia ficción. ¿Quién no recuerda cómo los viajes en el tiempo del Terminator de Schwarzenegger o los de Marty McFly y el Doc Brown en  Volver al futuro,daban lugar a indeseables cambios en el presente o en tiempos venideros, originados por sus intervenciones en el pasado?

La ciencia que estudia estos fenómenos, la física, muchas veces ha servido como base a los guiones de estas películas, los cuales han tomado partido por alguna de las teorías que andan dando vueltas en el mundo científico. Por un lado, están los que piensan que cualquier evento que pudiera ser cambiado en el pasado por un viajero en el tiempo tendría efectos catastróficos en el presente y en el futuro – el llamado efecto mariposa -, como lo describe la novela que Ray Bradbury escribió en 1952, El Sonido del Trueno, que tuvo su versión cinematográfica transformada en 2005.  En otros casos, los cineastas tomaron partido por el principio de autoconsistencia de Novikov, que simplemente argumenta que las paradojas del tiempo son imposibles de crear, por lo tanto un viajero temporal no podría de ninguna manera cambiar el pasado, como sugiere la película 12 monos, de 1995.

Ahora bien, hay muchas teorías y demasiada ciencia ficción, pero…¿Existe alguien que estudie de manera seria la posibilidad de viajar en el tiempo? La respuesta es sí, y uno de los científicos que se especializa en el tema lo tenemos en Argentina, más precisamente en la Facultad de Matemática, Astronomía y Física de la Universidad Nacional de Córdoba. Justamente, la persona a quien nos referimos, el físico Horacio Pastawski, acaba de ser incorporado a la Academia Nacional de Ciencias de Córdoba gracias a sus logros en la investigación de un gran número de fenómenos físicos, entre ellos la reversibilidad en el tiempo.

El maquinista del tiempo

El primer detalle que llama la atención cuando uno lo conoce a Pastawski, o como se lo apodara en una nota de La Voz del Interior de 2008, el maquinista del tiempo, es un objeto que lleva a cuestas y que no todo el mundo utiliza por estas épocas: una riñonera.  Este dispositivo lo acompaña a todos lados, inclusive a la formal ceremonia de su incorporación a la Academia. Solo unos pocos minutos antes de brindar su conferencia se desprende de ella, con un gesto de vacilación, como para fundirse en el ambiente solemne que lo rodea.

La disertación transcurre normalmente, haciendo el maquinista gala de su habilidad para explicar conceptos de una de las áreas más complejas de la ciencia moderna, la física cuántica, en un lenguaje lo más llano posible y con ejemplos gráficos animados de lo más variados. De cualquier manera, y a pesar de su esfuerzo, a medida que se adentraba en su tema específico de trabajo, era notorio que algunos miembros de la audiencia estaban tan perdidos que hubieran preferido volver el tiempo atrás, para ver si podían entender lo que estaban viendo y escuchando.

Luego de la charla académica, llegó la entrega del diploma y la medalla, momento emocionante para cualquier persona que es reconocida por sus pares – “aprender a acariciarnos unos a otros”, como diría más tarde -, y de los agradecimientos del homenajeado a su esposa y colega, al resto de su familia, a la empleada que los ayuda en su casa, y a sus profesores de flauta y de yoga. Sin duda estos tres últimos llamaron la atención de todos, ya que generalmente los grandes científicos reconocen a sus colegas, sus familiares y a lo sumo a los amigos más dilectos. Un detalle interesante para tener en cuenta sobre la personalidad de este científico tan poco ortodoxo, lo cual parecería acercarlo un poco más a los “sencillos mortales” que no hacen ciencia.

Cercano y personal

Al día siguiente de la conferencia, logramos tener unos minutos a solas con el doctor Pastawski, lo que nos permitió comprobar que la primera imagen que tuvimos de él no era tan errada. Con o sin medalla, seguía siendo una persona afable, simpática, y hasta algo tímido. Ya sin el saco blanco que utilizó en la Academia, pero con su infaltable riñonera en la cintura, accedió a responder una serie de preguntas, tanto desde el punto de vista personal, como también para aclararnos algunos puntos oscuros que nos quedaron de su conferencia del día anterior.

En primer lugar quisimos saber cómo un científico tan compenetrado en su ciencia puede mantener separada su vida profesional de la personal, sobre todo teniendo en cuenta que trabaja desde hace muchos años con su esposa, y que realiza varias actividades extra-científicas, como el montañismo – su apodo de Facebook es físico montañés – , la flauta y el yoga.

“Si uno se identifica con lo que está haciendo, para mí no hay una separación entre lo que es trabajo y lo que no lo es. Yo estoy caminando por la montaña y estoy pensando en qué pasa en la naturaleza, en lo que veo. Estoy haciendo conexiones. Es permanente. Uno va adquiriendo una manera de ver las cosas”, nos dijo Pastawski, luego de unos segundos de reflexión ante la pregunta.

Y prosiguió diciendo, “la música toca fibras que son no intelectuales, y eso es algo que te da una satisfacción muy grande. Pero en algún sentido se complementa con la física, porque justamente uno dentro de todas estas cosas tiene que encontrar las fuerzas y la intuición en un punto que está más allá de lo racional. Uno como físico también está jugando con la creatividad, con las ideas nuevas, aquellas que tienen que salir sin ninguna represión. Tenés que disparar eso, como lo del viaje en el tiempo”.

Estas últimas cuatro palabras nos dieron el pie para adentrarnos en el aspecto profesional del físico. El ejemplo que utilizó Pastawski en su conferencia fue bien claro. Si uno pone una gota de tinta en un medio viscoso, digamos glicerina, la gota lentamente va a esparcirse y perder su forma. Si uno pudiera revertir el tiempo, esperaría que la gota volviera a formarse tal cual estuvo al principio. Pero esto, desde el punto de vista de la física cuántica, ¿es posible?

“Lo que nosotros estudiamos es hasta qué grado uno puede tener reversibilidad y qué limita a la misma, encontrando que es la complejidad la que lo hace. Por lo tanto, el grado de creciente estructura compleja te limita la reversibilidad, con alguna escala que está descripta por el propio sistema”.

En pocas palabras, cuanto más pequeño es el tamaño de lo que quiere volverse en el tiempo, mayores posibilidades de lograr regresarlo al pasado, siempre y cuando este pasado sea lo más cercano posible al presente.

Continuó Pastawski, “en la mecánica cuántica la evolución es la energía por el tiempo. La clave de volver el tiempo atrás es cambiar el signo de la energía, que es lo mismo que cambiar el signo del tiempo. Es un truco. Pero como en sistemas más complejos existe un intercambio  de energías entre sus componentes, no voy a poder, por ejemplo, rejuvenecer, porque para hacerlo tendría que intercambiar todas las moléculas que adquirí, darle vuelta la energía a todas. En el papel lo puedo hacer, en la práctica no”.

En conclusión, la ciencia de volver el tiempo atrás seguirá siendo ficción, por mal que le pese a quienes quieran seguir lucrando con este tema. ¿Pero a quién le interesa? Lo importante es que los seres humanos podemos viajar en el tiempo gracias a nuestra imaginación. Y si no, ¿cómo se creen que se han hecho tantos libros y tantas películas con algo que jamás vamos a poder lograr?

Por último, ¿les gustaría saber qué lleva Pastawski en la riñonera? Bueno, eso es material para otra nota.

Copyright © 2012 – 2017 Alberto Díaz Añel

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