Problemas sin remedio

Farmacéuticas versus científicos

Problemas sin remedio

Entre los años 1999 y 2004 se fue cultivando una controversia en la cual el supuesto beneficiado, y finalmente perjudicado, no tuvo oportunidad de participar, excepto al final, cuando el daño ya estaba hecho. El promotor  de esta controversia fue una poderosa farmacéutica, Merck, y los resistentes un grupo de científicos que, aun teniendo conflictos de interés y estando bajo amenaza, se atrevieron a enfrentarla en defensa de los consumidores de medicamentos, que estuvieron ajenos a esta batalla hasta el último momento.

En un artículo publicado en junio de 2005 en Philly.com (1), un sitio de noticias asociado al diario The Inquirer de Filadelfia, Estados Unidos, el periodista Thomas Ginsberg saca a relucir a los actores ocultos de una batalla que se desarrolló durante casi cinco años, y que dejó un tendal de víctimas que ni siquiera sabían que estaban siendo atacadas.

A fines de 1999 una nueva droga milagrosa de la compañía Merck salía al mercado, el Vioxx, conocido por su nombre genérico de Rofecoxib, el cual prometía paliar insoportables dolores artríticos sin dañar al estómago, como ocurría hasta ese momento con otros medicamentos utilizados, como el Naproxeno y la eterna aspirina (ver cronología en referencia 2). Una rápida aprobación por parte del organismo regulador norteamericano (la Foods and Drug Administration), otro de los cómplices en esta historia, le permitió a Merck llenar sus arcas con miles de millones de dólares de manera casi instantánea, apoyado por agresivas campañas publicitarias y “donativos” onerosos para médicos y hospitales que recomendaran esta droga a sus pacientes (3).

Pero claro, algo tan perfecto sonaba u olía extraño. Los pacientes disfrutaban de los beneficios de la nueva droga y no tenían por qué resistirla, todo lo contrario, era un verdadero milagro para ellos. Entonces, la resistencia llegó por otro lado. Varios científicos, algunos inclusive financiados por Merck y por su principal competidor, Pfizer, comenzaron a notar que algo raro pasaba y levantaron sus voces, advirtiendo que ensayos clínicos realizados antes y después del lanzamiento del Vioxx, demostraban que aquellos pacientes que utilizaban este medicamento, mostraban un riesgo mayor, casi el doble, de incidencia de ataques cardíacos y ACV. ¿Y cómo fue que esto se le pasó por alto a Merck? Básicamente uno de los principales ensayos clínicos, que fuera realizado una vez que el Vioxx estaba en el mercado, demostraba que el riesgo de padecer un problema cardiovascular en aquellos pacientes que tomaban la droga de Merck se duplicaba al compararlo con los que utilizaban Naproxeno (4). El argumento de Merck era que el Naproxeno poseía una cualidad cardioprotectora que el Vioxx no tenía, por lo tanto era muy probable que el riesgo de su droga era el normal y el del Naproxeno la mitad. Claro, contaban con la ventaja que en estos ensayos es muy complicado comparar con un placebo, ya que los participantes sufrían de dolor crónico, y no se los podía dejar sin medicación por los seis a doce meses de duración que tenía el ensayo. O sea, no había con qué comparar el efecto del Vioxx.

Estos científicos de la “resistencia”,  Lee Simon, Thomas Stillman, Gurkirpal Singh, David Graham y otros, enfrentaron a la poderosa Merck, a pesar de recibir amenazas constantes de directivos de la empresa, en donde se los obligaba a dejar sus investigaciones, retirar publicaciones o desistir de dar conferencias sobre el tema. En caso de no hacerlo, tanto sus trabajos como su financiación correrían la peor de las suertes, algo que en algunos casos llegó a cumplirse.

A pesar de sus presiones sobre estos científicos, Merck no pudo tapar el sol con un dedo, y tuvo que admitir los peligros de su droga, sacándola del mercado el 30 de septiembre de 2004, casi cinco años después de su lanzamiento. Los juicios llovieron sobre la compañía, pero los miles de millones que tuvo que pagar siguen estando por debajo de las ganancias que obtuvo con la venta del medicamento.

La controversia llegó a su fin, o eso creemos, los resistentes triunfaron, pero los actores de reparto de esta historia, los consumidores, sufrieron las peores consecuencias: según la publicación de David Graham, retirada por presiones de Merck pero reinsertada luego del ocaso del Vioxx, en la prestigiosa revista The Lancet (5), 56.000 muertes fueron causadas por el uso de esta droga.

A pesar que hubo un ganador y un perdedor en esta lucha desigual, los que perdimos fuimos todos. Sería bueno que esto sirva para aprender algo y empezar a cambiar algunas cosas, sobre todo en lo que respecta a la salud y a la vida humana, que aunque Merck y otras compañías no lo crean, no tienen precio.

Referencias

1)     http://articles.philly.com/2005-06-05/news/25438425_1_merck-executives-vioxx-sales-blockbuster-drug

2)     http://www.abc.net.au/4corners/content/2005/COX-2-chronology.htm

3)     http://www.chron.com/disp/story.mpl/metropolitan/3273621.html

4)     http://www.nejm.org/doi/full/10.1056/NEJMp048286#t=article, y ver también http://www.nejm.org/doi/full/10.1056/NEJMp048286#t=letters

5)     Graham et al. (2005). Lancet 365(9458):475-481.

Copyright © 2012 – 2017 Alberto Díaz Añel

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