Argentina, potencia espacial

Nuestro país confirmará su dominio en el espacio a través del lanzamiento en el 2010 del SAC-D/Aquarius, un satélite multifunción que no solo aportará valiosa información local, sino que también contribuirá a comprender mejor los cambios climáticos de nuestro planeta.

Muy poca gente lo sabe, pero nuestro país es una de las principales potencias mundiales en la conquista del espacio. Si bien no hemos enviado naves a la Luna o a Marte, ni tampoco tuvimos el orgullo que un astronauta nuestro se tomara unos mates o bailara un tango durante una caminata espacial, tenemos una vasta experiencia en tecnología satelital, y eso no es poco.

Los encargados de llevar a cabo lo que muchos pesimistas catalogarían como “milagro argentino”, son los miembros de la Comisión Nacional de Actividades Espaciales (CONAE), que desde 1994 lleva adelante el Plan Espacial Nacional, que tiene como objetivo principal obtener información terrestre desde el espacio para optimizar varias áreas de la actividad socio-económica de nuestro país, como la agricultura, la pesca, la prevención de incendios y de epidemias, entre otras cosas.

Para lograr semejante objetivo, la CONAE encontró un socio que de esto algo sabe: la Administración Nacional de Aeronáutica y del Espacio de los Estados Unidos, más conocida por todos nosotros como la NASA. Gracias a esta sociedad, enriquecida por otras agencias espaciales como la italiana y la canadiense, Argentina pudo construir y enviar al espacio tres satélites desde 1996, el último de ellos, el SAC-C, todavía en funcionamiento desde hace casi nueve años.

Como todo lo que se desarrolla con éxito y que además aporta experiencia, esta sociedad ya tiene en la mira un proyecto mucho más ambicioso: enviar al espacio un cuarto satélite, el SAC-D/Aquarius, que superará casi tres veces en peso y tamaño a su antecesor.

Justamente, hace pocos días finalizó el quinto encuentro del que participaron ciento veinte investigadores de instituciones públicas y privadas de Argentina, Estados Unidos, Italia, Canadá, Chile, España y Francia, involucrados en este nuevo proyecto. En esta reunión de tres días se presentaron los proyectos científicos, seleccionados por la CONAE, la NASA y el Ministerio de Ciencia y Tecnología de nuestro país, que utilizarán los datos que el SAC-D enviará a tierra, y que ayudarán a un mejor conocimiento del océano, el clima y el medioambiente.

Este satélite contará con ocho diferentes instrumentos de alta tecnología, cinco de los cuales están siendo construidos en nuestro país, mientras que los otros serán aportados por las Agencias Espaciales Italiana (ASI), Francesa (CNES) y Norteamericana (NASA).

Otro aporte importante al SAC-D llega también desde una institución que es otro orgullo para nuestro país, la Comisión Nacional de Energía Atómica (CNEA). Ellos serán los encargados de construir los paneles solares de nueve metros cuadrados que serán los encargados de darle energía al satélite durante los cinco años o más que permanezca en actividad. Recordemos que el SAC-C ya lleva nueve años activo y va por más.

Ahora, la pregunta importante es, ¿para que sirve tener satélites propios en el espacio, y cómo eso nos hace una potencia? Empecemos por el final de la pregunta. Solamente la cuarta parte de los países del mundo poseen satélites en el espacio, y Argentina estuvo entre los primeros quince adelantados cuyas agencias espaciales pusieron satélites en órbita desde el comienzo de la carrera espacial, allá por 1957 con el lanzamiento del Sputnik desde la ya desaparecida Unión Soviética. El nivel de tecnología y de recursos humanos propios que se necesita para semejante logro sin duda pone a nuestro país como una potencia espacial, más teniendo en cuenta que esos recursos humanos son en su mayoría estudiantes e ingenieros formados en nuestras universidades,

La respuesta a la primera parte de la pregunta anterior, para qué sirve tener satélites propios, merece una explicación detallada, sobre todo sabiendo que toda esta tecnología no es para nada barata, y que la economía de nuestro país no está entre las más prósperas del mundo en este momento.

Para empezar, vivimos en uno de los países más grandes del mundo, el octavo en superficie para ser exactos, y eso hace que sea muy difícil tener un registro de muchas de las cosas que ocurren en nuestro territorio, especialmente en regiones de acceso complicado o de baja densidad poblacional.

Muchos creen que los satélites sólo sirven para sacar fotos, de manera que podamos identificar nuestras casas desde el aire a través de servicios como el Google Earth, o que toman imágenes de fenómenos atmosféricos que sirven para predecir, no siempre con éxito, futuros eventos climáticos. Otros también conocen el hecho que allá arriba también hay satélites de comunicaciones, que en estos tiempos modernos permiten hacer llamados telefónicos a cualquier parte del mundo, o ver en vivo los partidos de fútbol que se desarrollan en los confines más recónditos del planeta, sin olvidar uno de los últimos lujos en materia de localización, el GPS, que nos da una mano a la hora de no perdernos en nuestras nuevas aventuras automovilísticas.

En pleno siglo veintiuno, los satélites, sobre todos aquellos con tecnología de punta como la del SAC-D/Aquarius, no solamente nos van a ayudar para saber si tenemos que salir a la calle con paraguas, sino que también van a contribuir al desarrollo socio-económico de nuestro país.

Para empezar, un par de los instrumentos que lleva el SAC-D servirán para obtener datos de la salinidad y la temperatura superficial de los océanos de nuestro planeta. Hasta ahora esa tarea se llevaba a cabo a través de boyas y embarcaciones situadas en diferentes puntos del globo, pero obviamente los datos obtenidos no lograban cubrir toda la vasta superficie oceánica. Con el SAC-D será posible obtener estos datos en tiempo real y para el cien por ciento de los mares del mundo. Junto con otras cifras que tomará este satélite, como presencia de hielo y velocidad de vientos marinos, los científicos podrán mejorar sus conocimientos sobre la circulación del agua en los océanos y su influencia en el clima del planeta, para así comprender mejor algunos fenómenos meteorológicos globales como El Niño y La Niña, este último gran responsable de las enormes sequías que venimos sufriendo en nuestro país durante los últimos años.

Otros instrumentos del SAC-D permitirán realizar observaciones directamente sobre nuestro territorio, como por ejemplo la obtención de datos sobre la humedad del suelo y la detección de focos de altas temperaturas. Lo primero ayudará entre otras cosas a optimizar los cultivos en diferentes regiones de nuestro país, e inclusive servirá para predecir en qué zonas es más probable que se inicien infecciones en cultivos que son afectados por microorganismos que aprovechan altos índices de humedad, como algunos hongos que atacan al trigo en su período de espigación. La detección de focos de altas temperaturas será de gran ayuda a la hora de prevenir incendios a lo largo de todo nuestro territorio, para permitir una respuesta más rápida y eficiente en el combate de este flagelo que se ha hecho tan frecuente en los últimos años, sobre todo en la región central de nuestro país.

En el futuro cercano, la CONAE planea darle otros usos al SAC-D/Aquarius y a los próximos satélites que se pondrán en órbita. Una de las aplicaciones más interesantes es la de prevención de brotes epidémicos, a través de la observación de factores ambientales y climáticos que contribuyen a la distribución y localización de los vectores que transportan diferentes agentes infecciosos que afectan a la salud humana. Entre los vectores que serán estudiados se encuentran las poblaciones del mosquito Aedes aegypti (transmisor de la enfermedad del Dengue), la vinchuca (enfermedad de Chagas), y roedores (Hantavirus, Fiebre Hemorrágica Argentina), entre otros. El conocimiento de estos datos ayudará a combatir a estas poblaciones con mayor eficiencia, al prevenir e impedir brotes epidémicos al mismo tiempo que se optimiza la utilización de los agentes, como insecticidas y raticidas, que se aplican para eliminar a estos vectores, contribuyendo también de esta forma a las economías municipales y provinciales.

Cuando el SAC-D/Aquarius llegue al espacio el próximo año, será uno de los satélites con mejor tecnología de punta en el mundo. Y es obvio, está siendo construido por una potencia espacial: Argentina. Aunque Usted no lo crea.

Copyright © 2012 – 2017 Alberto Díaz Añel

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