Cómo arreglar un cortocircuito nervioso sin ser electricista

Quizás alguna vez usted dijo o escuchó la frase “le faltan caramelos en el frasco”. Pues bien, ese frasco no es nada más y nada menos que nuestro cerebro, y los caramelos vendrían a ser las neuronas. Generalmente utilizamos esta frase cuando consideramos que alguien está “mal de la cabeza”, refiriéndose justamente a un funcionamiento deficiente de éstas células que forman parte de nuestro cerebro. A veces realmente “faltan caramelos” porque las neuronas también se mueren, pero otras veces no faltan pero es como si no estuvieran, debido a la existencia de cortocircuitos que impiden el normal funcionamiento de esa gran red eléctrica que es nuestro sistema nervioso. ¿Y cómo se comunican las neuronas? Imagínenlas como estrellas de mar microscópicas que tienen uno de sus brazos extremadamente largo. Tan largo que puede llegar desde el cerebro hasta una mano. Algunas veces estas células no pueden estirarse tanto y necesitan pasar su información a otra neurona para que llegue a un determinado destino, por ejemplo un pie. Para ello se vale de un truco muy ingenioso. Supongamos que en la punta de ese brazo alargado hay una toma de enchufe. Resulta que en la célula receptora, la que va a recoger la orden para llevarla a destino, hay un tomacorriente en cada una de sus extremidades cortas, lo que permite que las neuronas se interconecten y que la señal eléctrica pueda ser transmitida a largas distancias. Cuando se produce un cortocircuito es cuando nos enfrentamos a las enfermedades del sistema nervioso. Éstas pueden ir desde una depresión leve hasta males tan graves como el Alzheimer o el Parkinson. Cada trastorno tiene un origen diferente, y eso es lo que la neurobiología, ciencia que estudia a las neuronas y su entorno, trata de comprender día a día. A veces puede ocurrir que el brazo largo, que funciona como un cable, no se estire lo suficiente para llegar a destino, o que se empiecen a acumular residuos en la caja de fusibles, que aparezcan tomas en lugar de enchufes, e, incluso, que estos últimos tengan ficha americana mientras el tomacorriente es de ficha europea. ¡Y no hay un adaptador a mano! Las neuronas no necesitan ir a la casa de electricidad para armar sus circuitos. Ellas mismas fabrican todo, desde el aislamiento de los cables, hasta las fichas y tomas con las que se conectan. Los neurobiólogos se introducen minuciosamente dentro de esa fábrica microscópica para entender cómo se elaboran esas partes y qué materiales utilizan las neuronas para producirlas. Cada día vamos vislumbrando con mayor claridad qué se necesita para estirar el cable, para que las fichas sean compatibles, o para evitar que se acumule suciedad en el sistema, y de esta manera estamos comenzando a comprender qué es lo que pasa cuando los circuitos empiezan a fallar, y si estas fallas se desencadenan por factores hereditarios o por causa del ambiente que nos rodea. En el Instituto de Investigación Médica Mercedes y Martín Ferreyra de Córdoba, que depende del CONICET, estamos tratando de responder a varios de los interrogantes que actualmente se plantean en neurobiología. Ya conocemos algunos de los componentes que hacen que no aparezcan tomacorrientes en lugar de enchufes, sabemos un poco más de las necesidades de las neuronas para estirar solamente un “cable” y no cuatro o cinco, y vamos comprendiendo poco a poco qué le pasa a las células de nuestro cerebro cuando se empiezan a cubrir de “residuos”, desencadenando por ejemplo la enfermedad de Alzheimer. En neurobiología ha surgido muchas veces la pregunta ¿se van a poder curar todas las enfermedades cerebrales simplemente estudiando a las neuronas? Es imposible hacer promesas o predicciones. De lo que sí estamos seguros es que cuanto más sepamos acerca del funcionamiento de estos circuitos nerviosos, más cerca vamos a estar de paliar e incluso de erradicar muchos males psiquiátricos y neurológicos que hoy aquejan a millones de personas. Es cuestión de seguir avanzando en la investigación y de no darse por vencidos. De esto último no habría que preocuparse. El darse por vencido no figura en el diccionario de ningún investigador argentino.

Nota publicada en la Revista Acción del Ministerio de Ciencia y Tecnología de Córdoba (MinCyT-Cba), Número 29, Año 4 (2009), página 23.

Copyright © 2012 – 2017 Alberto Díaz Añel

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s